Han cumplido el sueño de todo ingeniero. Y lo han hecho con tan sólo 21 años. Se llaman Javier Garmón y Roberto Gómez y sus nombres no pasan desapercibidos ya en el Massachusetts Institute of Technology, donde han realizado una estancia de tres meses en el programa Global Founders' Skills Accelerator (GFSA), es decir, en la aceleradora de verano del instituto, «la meca de todo ingeniero», dicen los jóvenes, sorprendidos por haber conseguido acceder «desde el lado del emprendimiento en vez de la ingeniería».
Lo suyo con el MIT está siendo más que un romance de verano. De hecho, los madrileños están todavía en tierras norteamericanas. Responden a las preguntas de INNOVADORES por email entre reunión y reunión tras la buena acogida que ha tenido su empresa en el «espectacular» Demoday, el evento «escaparate» donde los equipos del GFSA podía exponer sus ideas de negocio ante inversores.
En el caso de Gómez y Garmón, atrayeron el interés del público gracias a su empresa Inevio, que propone «ir un paso más allá» de dos grandes disruptores de la informática, Google Drive o Dropbox. «Mientras ellos están centrados en que podamos acceder a todos nuestros archivos desde cualquier lugar y desde cualquier dispositivo, nuestra idea es que podamos acceder a todas nuestras aplicaciones», resumen. Se trata de llevar tu ordenador entero -con todos los programas con los que estamos acostumbrados a trabajar- a cualquier dispositivo.
La idea que ha llamado la atención del MIT a través de su convocatoria, este año, de proyectos internacionales -han participado también equipos de México, Ghana y Canadá- ha surgido de dos estudiantes de Ingeniería Informática de la Universidad Politécnica de Madrid, que encontraron en la informática su medio «para dar rienda suelta» a su imaginación. Desde el año pasado, con Inevio entre manos, han aparcado sus estudios. «Ahora mismo centrarnos en el proyecto es la mejor opción, la Universidad siempre estará ahí si queremos volver».
Y es que si algo tienen claro es que siempre han estado interesados en emprender. «No llegamos al MIT con una idea sino con un proyecto potente y trabajado», explican. Sin embargo, ha sido el instituto quien se ha encargado de darles charlas de marketing, equipo, búsqueda de inversión o mentorización para recibir feedback, un proceso que les ha servido, entre otros, para confirmar que debían cambiar el nombre del negocio. «Nuestro proyecto estaba enfocado a consumidores pero el invierno pasado decidimos centrarnos en empresas y desde entonces sabíamos que teníamos que cambiar el nombre porque weeZeel no era serio», se convencen.
De su paso por el MIT, los jóvenes destacan la mentalidad, por la cual los estudiantes están metidos en alguna start up y sueñan con crear una empresa. Según los ingenieros, «choca drásticamente con lo que encontramos en las universidades españolas, donde todos los estudiantes están deseando terminar para trabajar en una gran empresa». Ellos, por ahora, ya tienen claro que su futuro está en Silicon Valley: «es donde tiene que estar nuestro proyecto en estos momentos.

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